¡Historia de un Jueves Santo! ¡Mis inicios cofrades!
Aunque hasta ayer pensaba que mis inicios cofrades databan de los años noventa (en concreto de 1992) sino me falla la memoria y justo un mes y poco antes de mi primera comunión, cuando me inicié como papón (allí en Astorga Paparrón, hablemos con propiedad) en la Santa Veracruz y Confalón de Astorga, hoy es el día que me doy cuenta que mis inicios cofrades empezaron mucho antes....
Ayer me fui a la cama emocionado, releyendo e interiorizando la Ronda Lírico Pasional del año pasado (2019) cuya mantenedora fue la gran poetisa y papona Leonesa, mi amiga Laura Cordero y aunque todas las alocuciones eran impecables y en todas me vi reflejado en mi mundo cofrade, hubo una que me llamó especialmente, la atención: la quinta, sita en la Santa Iglesia Catedral. Ella hablaba en la misma de sus incios cofrades y de sus abuelos, esos seres que nos inculcaron sus tradiciones y, como no, su identidad de religiosa, algo que ha caracterizado siempre a este país, que es España, a pesar de ciertos poderes políticos actuales que quieren acabar con ella.
Entonces recordé que mis inicios cofrades (cofrade es aquel que pertenece a una cofradía, normalmente de ámbito religioso) databan de mi primer año de vida. Quizá como pronto fuera el 10 de Septiembre de 1983 (día del Bendito cristo, allí se celebra el sábado antes del 14 de Septiembre día de la Exaltación de la Santa Cruz) cuando yo contaba con apenas 6 días de vida. o quizá, como tarde, el 19 de Abril de 1984 mi primer Jueves Santo. Ahí ya seguro que sí pues vivimos en el pueblo hasta que yo tenía 5 años y no recuerdo un sólo año (como este) de haber faltado al Cristo y//o al día de Jueves Santo. Ahí empezó mi trayectoria, mi afición y mi amor por una tradición cofrade que, como siempre ocurre y, especialmente en los pueblos, pasa de padres a hijos y de abuelos a nietos.
Allí, he sido monaguillo, campanero, lector de la Palabra de Dios y, como no, papón. Allí corrí mi primer San Juanín hará unos 10 u 11 años cuando empezó a haber un relevo generacional en la mocedad del pueblo y tuvimos la oportunidad de tener en nuestro hombro a 'San Juanico' como allí es conocido. Correr con el Discípulo Amado en busca de la Madre Dolorosa para llevarla ante su Hijo y Nuestro Señor Nazareno, es un ejercicio de responsabilidad, de fe y de amor, es seguir el ejemplo de San Juan, que desde su juventud, su fe y su amor a Cristo supo vencer todo tipo de obstáculos para estar junto a la Madre tanto compartiendo su Dolor al pie de aquella cruz como la Alegría de la Resurrección cuando Cristo se le apareció después de Resucitar.
Y sin alargarme mucho recuerdo también aquellos primeros jueves Santos cuando (antes de modernizarse la tradición) aún los hombres portaban a la Virgen, cuando el Nazareno era portado por sólo 4 hombres en lugar de 8 y subía por aquella angosta cuesta de piedras, empinada como el Calvario, yo iba junto a Él, de la mano de mi padre que lo pujaba o cuando veía a los mozos del pueblo corriendo a San Juanico y le decía a mi padre que algún día yo quería hacer eso. Por eso el día de JUEVES SANTO se ecribe con letras mayusculas en mi vida personal y en mi vida cofrade, por eso y porque, casualmente, mi primera procesión como bracero también fue un día de Jueves Santo, saliendo del patio del Colegio Leonés, frente a la Iglesia de Santa Marina, después de haber pujado a San Juanico en mi pueblo y llegar a León con los nervios a flor de piel, después de que aquel Sábado de Pasión viendo la procesión del Sacramentado con mi amigo Diego Próspero Cañón y que él me convenciera (no hizo falta que se esforzara mucho) de que saliera con él pujando en el Desenclavo y llegándonos a la plaza de San Isidoro y preguntar e inscribirme en la Cofradía me dijeron que era bienvenido y que, con solo tener una túnica podría pujar apenas 5 días después. Dicho y hecho. Ese mismo Lunes Santo me presente en ' Túnica y Capillo' y casualmente les quedaba una túnica de muestra que justo era de mi talla y me venía como anillo al dedo, como si llevara mi nombre y hubiese estado hecha para mí... Pareciera como si todas las piezas del puzzle casaran en ese momento... Comenzar mi vida cofrade como bracero un Jueves Santo, el mismo día que empezó aquella vez en mi pueblo y, para más coincidencias en la Cofradía del Desenclavo, aquella que estaba (y sigue estando) hermanada con mi antigua cofradía de la Veracruz y Confalón de Astorga dando continuidad a mi vida cofrade que había empezado unos cuantos años antes (el mismo año que se fundó el Desenclavo) tocando el bombo en la banda de niños de aquella hermandad Astorgana.
Es curioso como el Señor y la Señora colocan las piezas del puzzle en su sitio para que todo cuadre en la historia y en la vida de las personas. Luego fueron el Sacramentado, y Santa Marta y Saagrada Cena y colaboraciones en procesiones como la de Astorga de nuevo, el Perdón y las Bienaventuranzas en alguna ocasión, además de la Borriquilla, como cada año, en el Domingo de Ramos.
Esta es mi vida paponil de la que tan orgulloso me siento. Por eso para mí siempre habrá un día marcado en Rojo en en mi Semana Santa. El día de Jueves santo. Porque todo lo que soy como persona y como papón se lo debo a días como este, a las personas que siempre han creído en mi, a mis amigos papones, y aquellas que me lo han dado todo en la vida, mis padres y abuelos. Y esta es la historia de humlide papón de León que comenzó en la Diócesis de Astorga y en un pueblo de la Cepeda, de nombre Fontoria, en un día como hoy, de Jueves Santo.


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