¡¡Amor en la playa!!
Se sentía observada desde hace tiempo pero a ella no le disgustaba en absoluto sentirse observada por aquel hombre, sino más bien al contrario. A su juicio, él, era un hombre tranquilo, de ojos oscuros y pelo negro azabache que siempre la recibía con una tímida sonrisa pero a su vez con la tristeza o quizá melancolía que desprendían aquellos ojos perdidos que se conformaban con esperar a que ella pasara, como todos los días, caminando por aquella paradisíaca playa, y se iluminaban tan solo con su presencia. Los ojos le delataban, pareciera como si cada vez que la veía pasar, viera reflejado en ella a un viejo amor del pasado, todavía candente, pero quizá buscando también el conseguir fijarse en ella para olvidar definitivamente aquel antiguo amor.
Se conocieron una hermosa tarde de finales de verano… Ella pasó caminando silenciosa, sin hacer ruido, clavando sus pies en la arena, mientras él estaba tirado en la arena, quizá relajándose de una intensa mañana de trabajo, o mirando al sol reflejado en las cristalinas aguas del mar para lograr abrirse al mundo y soñar, saliendo de aquella rutina que lo ahogaba por dentro.
De pronto la vio pasar. Su melena rubia al viento, sus ojos azules como el mar, y su vestido a juego con colores suaves pero vistosos, hacían de su estilizada figura una delicia para sus ojos… Llevaba en la mano derecha una bolsa de playa, donde llevaría sus objetos personales o quizá algún libro de la universidad, su pequeño bolso a juego la golpeaba repetida y dulcemente donde la espalda pierde su caso nombre, mientras su mano izquierda se deslizaba tímidamente hacia el final de su vestido dejando entrever algo más, que a él lo eclipsaba por dentro y le hacía soltar aun más si cabe su imaginación mientras a ella la hacía más sugerente, atrevida, atractiva y sensual. Se quedó anonadado mirándola, con la mirada atrevida pero a la vez tímida y asustadiza de un colegial que mira por primera vez a la chica más guapa de la clase esperando que los ojos de ella vayan a posarse sobre los suyos para hacerle sentirse único y superior delante de sus compañeros. Fue entonces cuando ella giró tímidamente su cabeza y puso sus ojos en él haciéndole despertar de su zozobra y devolviéndole de nuevo al mundo real.
Ella siguió caminando por la playa como si tal cosa mientras él se reincorporaba sobre su toalla y dejaba que sus gafas de sol se deslizaran suavemente hasta la punta de su nariz para observar más detenidamente a aquella figura que se contorneaba de un lado para otro, con paso suave pero firme hacia el fondo de aquella playa como las olas se deslizan suavemente hacia la orilla cuando el mar está en calma.
Él se sentía cada vez más intrigado y en ese momento decidió seguirla. Recogió rápidamente su toalla y puso la mochila sobre sus hombros, para, zapatos en mano, seguir sus huellas, caminando detrás de ella.
Desde entonces uno y otra realizaban a diario el mismo recorrido, siempre a la misma hora, de lunes a domingo, y de verano a primavera, compartiendo los últimos rayitos del sol cada día, dejándose querer, buscándose con la mirada, deseándose mutuamente, sin ser capaces de dar el paso, hasta que de repente, un día, coincidiendo con la fecha en que se habían conocido dos años atrás, inesperadamente todo cambió……


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