¡¡5 minutos de amor a la granadina!!
Eran las 6:30 de la mañana y la alarma de su móvil sonó como la sirena de la policía en una persecución a media noche en una calle vacía de una gran ciudad. Se levantó sin ganas, empapado en sudor con ganas de quitarse ese pegajoso olor a despedida que le invadía por dentro. Habían sido 5 de los mejores días de su vida junto a dos de las mejores personas que había conocido en la ciudad en la que estudió durante 5 largos años. Unas vacaciones diferentes que tocaban a su fin en aquella isla paradisiaca para dar inicio en un bonito lugar de la costa levantina junto a los suyos.
Pero algo faltaba en aquellas vacaciones que añadía a las mismas un sabor a café descafeinado de media mañana. Pedro se sentía como Adán en aquel paraíso terrenal, sabiendo que lo había tenido todo (disfrutando de los placeres de la vida, el mar, la gastronomía, la belleza artística de aquella gran ciudad, pero sobretodo disfrutando de la verdadera amistad) pero a la vez todavía le faltaba algo , algo que dejaba cojo y vacío todo lo anterior, un momento de amor, de placer, de observar y sentirse observado, de desear y sentirse deseado. Pero fue en ese momento cuando Dios, consciente de lo que ocurría echó el resto.
Ese Pedro, convertido en el Adán del paraíso terrenal, vagaba por aquel pasillo entre la zozobra y la melancolía de aquel madrugón dirigiéndose a la puerta de salida de aquel lugar y caminando a coger un autobús que le llevaría al aeropuerto, para coger un avión rumbo al cielo, a ese cielo intangible e inalcanzable que sólo podemos alcanzar desde nuestro espíritu interior, ese Espíritu que muchos llamamos fe. En ese momento Dios hizo que un destello resplandeciente con rostro de mujer apareciera de la nada y, como si de un sueño se tratara, lo mismo que en el paraíso terrenal, del sueño y la costilla de Adán y con la ayuda de Dios apareció Eva. De repente se disponía hacer su check-in para irse a la segunda parte de sus vacaciones cuando oyó un susurro tan dulce como atronador….. “¿Es ezzzte er check-in para Graná?” – preguntó ella. En ese momento Pedro giró la cabeza a su izquierda y lo que vislumbró fue algo realmente hermoso. Más bien alta, o quizá mediana estatura, cuerpo esbelto, rubia como el sol, con ojos claros pero rasgados por el sueño y una sonrisa tímida pero hermosa…. “Pará Graná y para todos los vuelos en general” – dijo Pedro. “¿¿Vuelas con Iberia?? Pues aquí es, pero te va a tocar hacer la cola” – volvió a murmurar. “Muxaaa graziaaaa” – contestó ella poniéndose a la cola mientras él la seguía con la mirada hasta que se oyó una voz estridente que decía: “El siguienteeee, por favor”.
Hizo su check-in y posteriormente se dirigió al control de seguridad, llegando por fin a la zona de embarque que daba paso a un largo pasillo camino de la terminal. Entre tanto Pedro buscaba una Ensaimada (típica de aquel lugar) en las tiendas del aeropuerto pensando... ¿¿Me habré pasado ya?? Realmente Pedro no sabía distinguir ya si tenía la cabeza en la ensaimada o la ensaimada en la cabeza después de lo ocurrido anteriormente en el check-in. De repente encontró un Kiosco y se compró su periódico favorito de deportes para leer y distraerse en el avión y posteriormente avistó una confitería con las ensaimadas que él estaba buscando. Se compro una y se dirigió a la boca de aquel largo pasillo de acceso a las terminales. “La última de todo el aeropuerto” pensó él al tiempo que se asustó pensando que después de ir con más de una hora de antelación todavía podía perder el avión. De repente y cuando menos lo esperaba ocurrió algo sorprendente…..
“¿Killo ar finá te vienezzz para Graná o qué?” – susurró aquella dulce voz conocida ya para sus oídos, incrédula para su mente y soñadora para su corazón. Él giró su cabeza, esta vez a su derecha y vislumbró lo que era un secreto a voces y se dio cuenta de que era de nuevo ella quedándose perplejo a la vez que sorprendido por la emoción. “De buena gana me iría a Graná killla, pero mi vuelo es para Alicante” – dijo él exhalando un suspiro como hacía tiempo que no lo hacía. En ese momento el tiempo se paró al igual que sus maletas y sus corazones y sus miradas se encontraron en un segundo de esos que bien vale una vida y en un momento en el que ves como tu vida se pasa en un segundo. Él sonrió diciendo: “¿¿Tú, eres andaluza, de Granada, verdad??” “Sí", - contestó ella al tiempo que él replicó: “ Se te nota por el acento, es inconfundible y también por lo guapa que eres, como todas las andaluzas”. “Muxaaaa graciaaa mi arma” - contestó ella a la vez que sus ojos se iluminaban como si hubiera despertado de golpe y abriendo una enorme y hermosa sonrisa de oreja a oreja. Él no podía creerse que aquella belleza andaluza pudiera haber puesto sus ojos en él y seguía embriagado por la emoción y el desconcierto de no saber qué hacer o decir en aquel momento. De repente se rompió la magia de aquel eterno segundo cuando ella dijo: “Ozú… Que zofocooo, de verdá, ziempre iguá…..a la carrera a too laooo… ¿Qué terminal tieneee tú?” “96” contestó Pedro a la vez que ella decía “yo tengo er 95”. “Van al lado” – dijo Pedro con voz suave mientras veía que una nueva oportunidad se escapaba sin remedio en la terminal de aquel aeropuerto…. Pedro, como los grandes delanteros, había hecho la jugada de su vida para volver a fallar un gol a puerta vacía. De repente divisaron su terminales, uno frente al otro. El avión de ella salía 5 minutos antes que el de él, 5 minutos que podrían haber sido claves para haberle dado la vida… En ese momento Pedro vio como la imagen de ella se desvanecía en aquel túnel de aquella terminar al tiempo que le decía… “Buen viaje a Graná” al tiempo que ella contestó “iguarmente mi arma, buen viaje a alicante y ojalá volvamos a vernos”. ¡Ojalá! pensó Pedro al tiempo que se desvanecía su alma por la terminal contigua camino de Alicante.
Pedro subió a aquel avión pensando que a aquella historia le faltaban 5 minutos y un final feliz, pero también asumiendo que sería prácticamente volver a verla de nuevo. Él se quedaba con la alegría de los 5 minutos bien aprovechados en aquel aeropuerto pero con el recelo de saber que aquella historia le habían quedado los otros 5.
A lo lejos vio despegar a un avión (que seguramente fuera el de ella) mientras el suyo caminaba aún por tierra firme por la larga pista de aquel aeropuerto. Mientras su avión despegaba para abandonar aquella isla paradisíaca, volvió a su mente la imagen de ella desvaneciéndose por el túnel de aquella terminal y pensando que como el mismísimo Adán podría haberse dejado llevar por la tentación de cambiar el rumbo de la historia de un hombre para salir de aquel paraíso al lado de ella en un avión que no era el suyo y preguntándose si quizá aquella misteriosa mujer pudiera ser su Eva. Desde aquel momento no ha podido dejar de pensar en ella y en si ella estará haciendo lo mismo pensando en él. Pero la realidad es que los designios de Dios son inescrutables y de momento sólo le quedan dos momentos y dos miradas, sobre todo la última que jamás Pedro podrá olvidar pero a cambio de esas dos miradas le falta un nombre y quizá un teléfono que le permitiría dar de nuevo con ella. Quien sabe si en cualquier otro lugar sus miradas coincidirán de nuevo lo mismo que ocurrió en la fría terminal de un aeropuerto donde pasan miles y miles de personas cada día y donde ella fijo su mirada en él, de nuevo. Hasta entonces y quizá por siempre quedarán…¡¡5 minutos de amor a la granadina que supieron a gloria y a felicidad!!

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